EL INFIERNO
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El equilibrio entre el Cielo y el Infierno
589. En todo
debe haber equilibrio a fin de que algo pueda existir; sin
equilibrio no hay acción y reacción porque el equilibrio existe
entre dos fuerzas, impulsando una y repulsando la otra. El descanso
que resulta de la acción y reacción se llama equilibrio. En el mundo
espiritual existe equilibrio en todo y en cada cosa particularmente;
en general en las atmósferas mismas, repulsando y resistiendo los
inferiores en la medida en que los superiores impulsan e insisten.
En el mundo natural existe igualmente un equilibrio entre el calor y
el frío, entre la luz y la sombra, entre la sequedad y la humedad;
la temperatura media es el equilibrio. Asimismo existe un equilibrio
entre todos los objetos de los reinos del mundo, que son tres; el
remo mineral, vegetal y animal, porque sin equilibrio, nada en ellas
existe ni subsiste. En toda parte hay, como un empeño por una parte
impelente y por la otra repelente. Toda existencia (producción), o
sea todo efecto se verifica bajo equilibrio, obrando, sin embargo,
una de las fuerzas y admitiendo la otra, la acción, es decir,
influyendo una por su actividad y admitiendo y cediendo la otra
convenientemente. En el mundo natural se llama fuerza lo que obra y
lo que causa la reacción. También se llama esfuerzo; pero en el
mundo espiritual se llama vida y voluntad lo que causa esta acción y
reacción. La vida allí es una fuerza viva, y la voluntad es un
esfuerzo vivo; el equilibrio mismo se llama libertad. Por
consiguiente el equilibrio espiritual, o la libertad, existe y
subsiste entre el bien que obra por una parte y el mal que resiste
por otra parte, o entre el mal que obra por una parte y el bien que
resiste por otra parte; el equilibrio entre el bien que obra y el
mal que resiste existe en los buenos, mientras que el equilibrio
entre el mal que obra y el bien que resiste existe en los males; la
razón por la cual el equilibrio espiritual tiene lugar entre el bien
y el mal, es que todo cuanto pertenece a la vida del hombre se
refiere al bien y al mal, y la voluntad es su receptáculo. Hay
también equilibrio entre la verdad y la falsedad, pero este depende
del equilibrio entre el bien y el mal. El equilibrio entre la verdad
y la falsedad, es como entre la luz y la sombra, las cuales afectan
los objetos del reino vegetal en la medida que en la luz y en la
sombra hay calor y frío. Que la luz y la sombra en y por sí mismas
ningún efecto hacen sino mediante ellas el calor y el frío, puede
verse por el hecho de que en el invierno hay luz y sombra como en la
primavera. La comparación, de la verdad y la falsedad con la luz y
la sombra viene de la correspondencia, porque la verdad corresponde
a la luz, la falsedad a la sombra, y el calor al bien del amor; la
luz espiritual es en efecto la verdad y la sombra espiritual la
falsedad; el calor-espiritual es el bien del amor (acerca de cuyo
particular puede verse en el artículo n. 126-140, donde se ha
tratado de la luz y del calor en el cielo).
590. Hay
equilibrio continuo entre el cielo y el infierno. Del infierno sube
continuamente un esfuerzo de causar el mal, y del cielo se exhala y
desciende siempre un esfuerzo de causar el bien. En este equilibrio se
halla el mundo de los espíritus, y que este está situado en el medio
entre el cielo y el infierno puede verse más arriba (n. 421-431). Que el
mundo de los espíritus se halla en este equilibrio es porque todo hombre
después de la muerte primero entra en el mundo de los espíritus, siendo
allí mantenido en igual estado en que se hallaba en el mundo, lo cual no
podría verificarse si allí no existiera el más completo equilibrio;
mediante ello son examinados todos cuales son porqué allí se les deja en
una libertad como la tenían en el mundo. El equilibrio espiritual es la
libertad en el hombre y en el espíritu, según se acaba de decir arriba
(n. 589). Cual y como es la libertad de cada uno es percibida por los
ángeles mediante comunicación de las inclinaciones y los pensamientos
que proceden de ellas, y esto se manifiesta visiblemente a los ángeles
mediante los caminos por los cuales andan. Los buenos espíritus van por
los caminos que conducen al cielo, mientras que los malos espíritus van
por los caminos que conducen al infierno. En ese mundo aparecen en
efecto caminos, y esto es también la razón por la cual "caminos" en el
Verbo significan verdades que conducen al bien; y en sentido contrario,
falsedades que conducen al mal. Y de ahí viene también que “andar”,
“caminar”, “viajar”, en el Verbo significan progresiones de la vida.
Tales caminos me ha sido dado ver a menudo y también el andar y caminar
de los espíritus en ellos libremente según sus inclinaciones y por
consiguiente conforme sus pensamientos.
591. La razón por
la cual el mal se exhala y sube continuamente del infierno y que el bien
se exhala y desciende continuamente del cielo es que una esfera
espiritual circunda a cada uno cuya esfera emana y ondea de la vida de
las inclinaciones y por ello de los pensamientos. Y puesto que de cada
uno emana tal esfera de vida emana por lo tanto también de cada sociedad
celestial y de cada sociedad infernal, por consiguiente de todos en
conjunto, es decir, del conjunto del cielo y del conjunto del infierno.
La razón por la cual el bien emana del cielo es que todos allí se hallan
en el bien, y que el mal emana del infierno es porque; todos allí se
hallan en el mal. El bien que viene del cielo viene todo del Señor,
porque los ángeles que están en el cielo son mantenidos por el Señor,
apartados de su propia naturaleza, y mantenidos en la Propia Naturaleza
del Señor, la cual es el Bien mismo; pero los espíritus que están en los
infiernos se hallan todos en su propia naturaleza mala y la propia
naturaleza mala de cada uno no es más que mal; y no siendo más que mal,
es por consiguiente el infierno. Por esto puede ser claro que el
equilibrio en el cual son mantenidos los ángeles en los cielos y los
espíritus en los infiernos es como el equilibrio en el mundo de los
espíritus. El equilibrio de los ángeles en el cielo es perfecto en el
grado en que han deseado estar en el bien, o en que han vivido en el
bien en el mundo, así, pues, también en el grado en que han aborrecido
el mal; pero el equilibrio de los espíritus en el infierno es completo
en el grado en que han deseado estar en el mal, o en el grado en que han
vivido en el mal en el mundo, así, pues, también en el grado en que de
corazón y de espíritu han querido estar en oposición al bien.
592. Si el Señor
no gobernara tanto los cielos cuanto los infiernos no habría equilibrio,
y si no hubiera equilibrio no habría cielo ni infierno, porque todas las
cosas en el universo y cada una en particular, tanto en el mundo natural
cuanto en el mundo espiritual, subsisten por virtud del equilibrio. Que
esto es así puede comprender cada hombre racional. Aumenta el peso a uno
de los lados sin añadir resistencia por el otro lado — ¿no perecería ambos
lados? Así sucedería en el mundo espiritual, si el bien no resistiese al
mal, manteniendo siempre dentro de límites su rebeldía. Si lo Divino no
hiciera esto por Sí Solo perecerían el cielo y el infierno y con ellos
toda la raza humana: Se dice; "Si lo Divino no hiciera esto por Sí
Solo," puesto que la naturaleza propia de cada uno, tanto de los ángeles
cuanto de los espíritus y de los hombres, no es más que mal (véase
arriba, n. 591), por lo cual jamás puede ángel ni espíritu alguno
resistir los males que sin cesar exhalan los infiernos, puesto que a
consecuencia de la naturaleza propia, todos tienden hacia el infierno.
Por esto es claro que si el Señor no gobernara por Sí Solo los cielos y
los infiernos, no habría jamás salvación para alma alguna. Además, todos
los infiernos obran como una sola entidad, porque los males en los
infiernos se hallen unidos como los bienes en los cielos, y resistir a
todos los infiernos, que son innumerables, y que en conjunto obran en
contra del cielo, y en contra de todos los que están allí,
no lo puede nadie más que lo Divino que del Señor Solo procede.
593. El
equilibrio entre los cielos y los infiernos disminuye y aumenta conforme
el número de los que entran en el cielo y de los que entran en el
infierno, que ascienden a varios millares diariamente. Saber y percibir
esto y con balanzas equilibrarlo no lo puede ángel alguno sino el Señor
Solo; porque lo Divino que sale del Señor es omnipresente y observa por
todas partes lo que vacila. Un ángel no ve más, que lo que está cerca de
él, y no percibe en sí mismo siquiera lo que acontece en su propia
sociedad.
594. De que
manera todas las cosas se hallan arregladas en los cielos y en los
infiernos a fin de que todos y cada uno que allí, están puedan hallarse
en equilibrio, puede hasta cierto punto ser claro por lo que arriba se
ha dicho y expuesto acerca de los cielos y de los infiernos, es decir,
que todas las sociedades del cielo se hallan en la manera más ordenada,
clasificadas según los bienes y sus géneros y especies, y todas las
sociedades del infierno según los males y sus géneros y especies, y que
hay debajo de cada sociedad celestial una sociedad infernal que
corresponde por ser su antítesis, de cuya correspondencia contraria
resulta equilibrio. Por esto cuida el Señor de que una sociedad infernal
debajo de una sociedad celestial no sea superior a esta en fuerza, y a
medida que empieza a prevalecer es reprimido y por varios medios
reducido a su justa proporción del equilibrio. Estos medios son muchos,
y mencionaremos tan sólo unos pocos. Algunos medios se refieren a una
presencia más inmediata del Señor, algunos a una comunicación y unión
más estrecha de una o de varias sociedades con otras; algunos a
expulsión de aquellos espíritus infernales que son demás a los campos
desolados, algunos a la transmisión de unos desde un infierno a otro,
algunos a la reducción al orden de los que están en los infiernos, lo
cual igualmente se verifica de varias maneras; algunos a ocultar ciertos
infiernos con capas más densas y espesas, así como también a hundir más
en la profundidad a ciertos infiernos; aparte de otros medios, también
en los cielos que se hallan encima de ellos. Esto queda dicho a fin de
que sea en cierta manera perceptible el que el Señor Solo cuida de que
en todos partes haya equilibrio entre el bien y el mal, así pues entre
el cielo y el infierno, porque tal equilibrio es la base de la salvación
de todos en los cielos y de todos en la tierra.
595. Hay que
Saber que los infiernos continuamente atacan el cielo, esforzándose para
destruirlo; y que el Señor no cesa de proteger los cielos, mediante el
apartar todos los que allí están de los males que proceden de su propia
naturaleza, y mantenerles en el bien que es de Él. Muy a menudo me ha
sido dado percibir la esfera que exhalan los infiernos, la cual en su
totalidad era un esfuerzo de destruir la Divinidad del Señor y por
consiguiente el cielo. También he percibido algunas veces exhalaciones
de los infiernos, las cuales eran esfuerzos desenfrenados de subir y
destruir. Los cielos, por otra parte, nunca atacan los infiernos porque
la esfera Divina, que salo del Señor es un continuo esfuerzo de salvar a
todos, y puesto que los que están en los infiernos no pueden ser
salvados, siendo que los que están allí se hallan en el mal y en contra,
de la Divinidad del Señor, se reprimen tanto como sea posible los
insultos en los infiernos, y se abaten los furores, a fin de que no haya
allí explosiones desmedidas entre ellos mismos; lo cual también se
realiza, mediante innumerables medios del Divino poder.
596. En dos
reinos se distinguen los cielos, a saber el Reino Celestial y el Reino
Espiritual, acerca de lo cual puede verse arriba (n. 20-28). En dos
reinos se distinguen asimismo los infiernos; el uno de estos reinos es
opuesto al reino celestial, y el otro es Opuesto al reino espiritual. El
reino que es opuesto al reino celestial se halla en la región del oeste
y los que habitan allí se llaman genios; el reino que es opuesto al
reino espiritual se halla en las regiones del norte y del sur, y los que
están allí se llaman espíritus. Todos cuantos habitan el reino celestial
se hallan en amor al Señor, mientras que todos los que habitan los
infiernos que se hallan opuestos a este reino están en amor a sí mismo;
todos los que están en el reino espiritual sé hallan en amor al prójimo,
mientras que todos los que están en los infiernos que son opuestos a
este reino están en amor al mundo. Por esto ha resultado claro que el
amor al Señor y el amor a sí mismo son opuestos; igualmente el amor al
prójimo y el amor al mundo. El Señor cuida siempre de que no emane de
los infiernos que son opuestos al reino celestial del Señor, cosa alguna
hacia los que están en el reino espiritual del Señor; porque de suceder
esto perecería el reino espiritual. La causa puede verse arriba, (n.
578, 579). Estos son los dos equilibrios generales que por el cuidado
del Señor siempre son mantenidos enteros y completos.
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§§ 597—603 Por medio del
equilibrio entre el Cielo y el Infierno, el hombre tiene
libertad |